A casi dos años del tsunami y el terremoto que azotó Japón y la central nuclear de Fukushima, siguen apareciendo muestras de los daños. El viernes se analizó un pescado de la bahía que presentaba una cantidad del cesio 2540 veces mayor al límite máximo permitido en mariscos y pescado que no se considera dañino para la salud humana que es de 100 becquereles por kilo.
Como si esto no fuera lo suficientemente preocupante, las propias autoridades reconocen que recuperar las condiciones normales previa al terremoto demandará 100 años. Y no fueron detractores de la energía nuclear, lo reconoció el presidente del Comité de Política Energética de Japón y el titular de la Comisión Independiente de Investigación del desastre de Fukushima, Koichi Kitazawa.
Cabe recordar que la actividad pesquera en la prefectura está prohibida en estos momentos, al igual que el consumo de leche, carne, setas y legumbres, entre otros alimentos. Tepco también comunicó que está preparando un proyecto de limpieza del fondo marítimo y que tiene programado renovar el sistema de redes que rodean las aguas de la región, evitando que los peces radiactivos desoven o sean devorados en una zona no contaminada.
La medida es vital, teniendo en cuenta que muchos peces del Pacífico como, por ejemplo, los salmones, son anádromas, es decir, viven en agua salada, pero atraviesan miles de kilómetros para aparearse en agua dulce.
La “fuga” de ejemplares contaminados puede causar la difusión de la radiación hacia casi cualquier lugar del planeta.
Kitazawa es de la teoría de que los riesgos de tener reactores atómicos dependen de la superficie de cada país. “Si la energía nuclear no es de tal magnitud como para destruir un país completo, como Japón o Chile, entonces se puede tener energía nuclear, algo que las naciones europeas más pequeñas han comenzado a abandonar”, señaló. “Y Chile tiene una situación similar a la de Japón”, acotó en una charla que el experto brindó en Santiago de Chile.
Yo agregaría además la seguridad con la que cuenta cada país. A pesar de lo vasto del territorio argentino, los controles y la potencialidad que el país tiene para desarrollar otro tipo de energías hacen que el multimillonario esfuerzo nuclear sea innecesario.
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