Hace muchos años, Octavio Hornos Paz, un gran periodista de este diario (poseedor de una cultura verdaderamente enciclopédica y una contundente humanidad que nos hacía recordar al gran Chesterton) nos decía que en lo posible, como redactores, debíamos olvidarnos de insistir en las notas que señalaban al primero en haber hecho tal o cual cosa, haber logrado alcanzar tal o cual récord, o haber cumplido tal o cual hazaña.
“Nene –nos decía por entonces, cuando nos merecíamos ese término- hay que evitar ese tipo de comentario enfático y definitivo. Siempre hay alguien que hizo algo importante antes del que se atribuye el récord, o la hazaña, y por supuesto, estará dispuesto a mandarnos una carta de lectores para corregirnos”.
Dando la razón el querido amigo Hornos Paz, descubrimos hoy en un ejemplar del diario del 15 de octubre de 1967 la reseña de varias jóvenes que se ofrecían para pasear perros en el área de Barrio Norte. Un oficio insólito por entonces, que en la actualidad no asombra a nadie.
Registrando entonces que La Nación ya mencionaba la existencia de paseadoras de perros a fines de los años 60 (pero a la vez recordando al bueno de Hornos Paz, sin atribuirles ninguna prioridad en el asunto), compartimos con los amigos del Archivoscopio esta curiosa nota publicada por La Nación en su ya lejana edición del 15 de octubre de 1967.
No hay comentarios:
Publicar un comentario